Pensamiento Socio, fusión o venta
El socio que decide solo: reglas antes de la firma, no después
Ana Karina de la Vega MillorFundadora de Onnea ConsultingLectura de 6 minutos
Perfil de Ana Karina de la Vega Millor en LinkedInLas reglas entre socios se escriben mientras todavía hay confianza
Casi todas las sociedades empiezan igual: dos personas que se admiran, un negocio que ya funciona y una firma ante notario que resuelve el capital y los porcentajes. Lo que casi ninguna escribe es cómo van a decidir. Quién puede comprometer a la empresa solo y hasta dónde. Qué necesita la firma de los dos. Qué información ve cada uno y cada cuánto. Qué pasa si uno quiere salir.
No se escribe porque en ese momento no hace falta. Hay confianza, y hablar de reglas parece desconfianza. Ese es el error. Las reglas se escriben cuando todavía hay confianza, porque después ya no se puede.
Un socio que firma por los dos convierte al otro en responsable de lo que no decidió
Te cuento un caso compuesto; los detalles están cambiados para que nadie sea identificable. Dos socios fundan una cadena pequeña de laboratorios clínicos. Ella trae el conocimiento técnico, los permisos sanitarios y la relación con los médicos; él trae el capital y lleva la administración. Durante años funciona. Él decide aperturas, firma arrendamientos, contrata y negocia con el banco. Ella se entera en las juntas mensuales, cuando ya está hecho, y lo deja pasar porque los números crecen.
El día que una cadena nacional se interesa en comprar, la revisión de la compradora encuentra lo que ella no había visto: cuotas al IMSS atrasadas, personal contratado por honorarios que en los hechos era plantilla, una línea de crédito garantizada con los activos de la empresa. La operación se cae o se renegocia a la baja, y ella se entera de que responde por decisiones que nunca tomó.
Nadie firmó un papel que dijera que él podía decidir solo. Tampoco uno que dijera que no podía.
Silvia Sánchez Alcántara ya pagó ese costo, y lo contó sin adornos
En Fuera de Minuta, Silvia Sánchez Alcántara, publicista y fundadora de Retos Femeninos, contó la caída de la agencia y de la empresa de internet que tenía con un socio a finales de los noventa. Su descripción del socio es la de muchos expedientes que llegan a mi mesa:
«Era el peor administrador del mundo… y hacía todo sin siquiera consultarme.»
El costo lo contó con hechos. Perdió su casa (min 34:05) y quedó frente a «80 demandas laborales» que, en sus palabras, el socio ocasionó antes de irse: «y yo di la cara» (min 35:05). La frase que le dijo cuando por fin lo confrontó es la que debería encabezar cualquier pacto entre socios:
«A mí nunca me preguntaste si yo estaba dispuesta a tomar ese riesgo.»
Esa es la definición exacta del problema. No es que el socio se equivoque; todos se equivocan. Es que uno decide el riesgo y los dos lo pagan.
La asimetría entre socios no está en el porcentaje de acciones
Un socio puede tener la mitad de las acciones y ninguna capacidad de decisión. El poder real está en otro lado: en quién controla la caja, quién firma con el banco, quién tiene la relación con el cliente principal o con el regulador, quién ve la información primero. Es la misma lógica que aprendí negociando con el sector público: el poder rara vez está sentado en la mesa, y quien no lo lee negocia en desventaja sin darse cuenta.
Entre socios pasa igual. El que opera acumula información y decisiones pequeñas que, sumadas, se vuelven la empresa. El otro conserva el título de socio y va perdiendo posición sin que exista un día en que alguien se la haya quitado. Lo que no está por escrito no existe, y en una sociedad lo que no está por escrito lo decide quien tiene la pluma ese día.
Por eso, antes de la firma, sea la de la sociedad, la de la entrada de un inversionista o la de una fusión, hay una conversación que vale más que la valuación: cómo vamos a decidir cuando no estemos de acuerdo. Decir que sí rápido, por no incomodar a un socio que admiras o por la urgencia de cerrar, sale caro después. La urgencia se nota del otro lado de la mesa, y quien la nota pone las condiciones.
El pasivo que nadie revisó decide la venta
Silvia dejó una regla que suscribo para cualquier dueño: «primero Hacienda, el IMSS, todas las contribuciones, tener todo al día», y no conformarse con «lo checa el contador», sino revisar qué está haciendo el contador (min 35:05–36:04).
En una venta o una fusión, el pasivo laboral y fiscal es lo primero que busca quien compra, y lo último que suele conocer el socio que no administra. Si las reglas entre socios no dicen quién responde por el cumplimiento y qué ve el otro cada mes, la revisión del comprador se convierte en el momento en que uno de los dos se entera de lo que firmó sin firmar.
En esa misma conversación hablé de algo que veo seguido: se confunden las acciones con el logro de objetivos, y sin una estrategia de corto, mediano y largo plazo se dan «bandazos» que a veces ya no tienen punto de regreso (min 29:03–30:00). Un socio que decide solo casi siempre está haciendo muchas cosas. La pregunta es si alguien acordó hacia dónde.
Salir de una sociedad también se decide antes de entrar
La regla que más se omite es la de salida. Qué pasa si uno quiere vender su parte, si uno se enferma, si uno deja de cumplir, si los dos dejan de estar de acuerdo en lo esencial. Sin esa regla, la salida se negocia en el peor momento, con la relación ya rota y con quien controla la operación en posición de fuerza.
Hay además un costo que no aparece en ningún estado financiero: quién da la cara. Silvia lo describió con una imagen: «yo era como la salvavidas» (min 36:04). En casi todas las sociedades rotas hay un socio que termina respondiendo ante los empleados, el banco y la autoridad por lo que el otro decidió. Si eso no se acordó antes, lo decide el carácter de cada uno en el peor momento, y se queda a responder el que tiene más que perder: el patrimonio, la reputación, el nombre en la industria.
No todas las batallas se ganan quedándose. Saber retirarse sin romper es parte de la estrategia, y es mucho más fácil cuando la puerta ya estaba dibujada en el papel. Silvia lo resumió en lo que le dijo a su socio aquel día: «el mañana no existe si tú no cuidas tu hoy» (min 36:04).
Las reglas de decisión van antes de la firma, no después
Desde 2022 trabajo en consultoría de alta fricción: fusiones, cierres, quiebras técnicas y conflictos entre socios. He trabajado la integración posterior a una fusión en una empresa de manufactura, y en DKT negocié durante años con el sector público, donde la asimetría de poder es la regla y no la excepción. De todo eso me quedó una convicción: el papel se firma en una tarde y las personas tardan años en firmarlo de verdad.
Cuando dos socios me buscan, o me busca uno de ellos, no llego a darle la razón a nadie. Me siento con los dos a escribir cómo van a decidir: qué decide cada uno solo, qué requiere a ambos, qué información se ve cada mes, quién da la cara ante Hacienda, el IMSS y el regulador, y cómo se sale. Si ya hay una venta o una fusión sobre la mesa, esa conversación va antes de la firma. Después, lo que queda es repartir el costo.
